EL
BANCO DE LOS OBJETOS PERDIDOS
Septiembre
de 1901, en la ciudad sólo se escucha el sonido de los árboles, animales de la
calle, el aire, el silencio, personas afuera caminando o mirando por la
ventana, parece que algo está pasando y no lo comprenden muy bien. Camino y
camino por las calles de este hermoso lugar pero sigo sin comprender sus
rostros y aquel silencio que me persigue, el mismo silencio de los árboles, el
asfalto, las paredes, las nubes, el cielo, el aire que en este momento ha
decidido callar.
Suelo
ser detallista, observador, me gusta ayudar a las personas eso me satisface, me
llena de plenitud, suelo regalar sonrisas a sus rostros casi disecados, con
marcas en la piel, marcas de un tiempo atemporal, un tiempo que sucede en un
espacio sin lugar, marcas que no sé por
qué están ahí, todo parece estar confuso, pero sigo contemplándolos con amor,
armonía y esa paciencia suma que he adquirido a mis 12 años; que por cierto que
dichosa edad puedo ser niño, adolescente e incluso joven, joven he querido ser,
abandonar mi infancia, y otra vez esta calle que me lleva a no sé dónde.
Las
esquinas parecen esconder sombras de todo lo que queda del día, he caminado más
de dos horas, casi llego a casa; de repente veo algo tirado en el suelo, un
objeto que no logro ver bien porque está al otro lado de la acera y las sombras
que generan las luces lo hacen confuso, paso la calle me encuentro un sobre de
manila, adentro un documento que temo a leer, lo tomo y sigo mi camino a casa.
¡Las
llaves! Digo en mi mente, las he perdido o han de estar en algún bolsillo de mi
maleta; luego de superar el diálogo mental de dónde podrán estar mis llaves,
siento la chapa, abren la puerta y me recibe mi abuelo, un hombre de
fascinantes historias y sonrisas silenciosas. Cenamos, hablamos del día con mis
padres, todo parece normal. En mi habitación, minutos antes de ir a la cama voy
por mi maleta y busco el sobre, Oh Que voy a encontrar! pienso; saco dos hojas
de aquel sobre, empiezo leyendo el encabezado y dice Acta de defunción ¡Ay
dios! ¿un acta de defunción? averiguaré de quien trata, empieza la ciudad, la
fecha, lugares que no he conocido y que parecen lejos de aquí, su nombre: un
honorable señor ¡honorable! Vaya que suena interesante,el Honorable señor Ramón
Salvatierr, fallece por un derrame cerebral, parece que perdió todas sus capacidades
en un instante fugaz un hecho fulminante que le robó su vida, lo que me
inquieta de este Honorable señor es su edad, parece haber fallecido muy joven o
a comparación de mis familiares lo era, a sus 43 años, era un hombre de poder y
deduzco que podría ser estrecho con sus emociones, no sólo acumulaba riqueza,
sino también conocimiento era un intelectual de la sociedad, practicaba algunos
deportes, amante de la buena cocina y todo lo que pudiera satisfacer sus
sentidos.
Así
pasa la noche, una noche en mi cama pensando en el señor Salvatierr, en mis
sueños el aparece, logro dibujar su forma física, me habla, me dicta datos que
no logro captar muy bien. Al despertar tomo mi libreta y hago nota de algunos
detalles que recuerdo; entre esos la dirección de una antigua casa de la
ciudad. Me alisto pare seguir un día más con mi rutina, la escuela, las tareas,
caminar de regreso, y no más; Tengo la sensación que mi vida desde esta última
noche va a cambiar.
A
la salida de clases, no voy por mi ruta acostumbrada, hago un desvío, camino, sigo
caminando y viendo los mismos rostros desolados en las calles, sigo sintiendo
que algo le pasa a sus vidas pero no sé qué es y tampoco tengo la respuesta
para ayudarlos. Al parecer la historia se repite vuelvo a encontrar otro
objeto, y vaya que todos están más antiguos que lo que habita a mi alrededor o
eso parece; esta vez se trata de unas llaves, unas comunes y otra diferente,
una llave con especie de dos patas, la forma que lleva es ornamental y si no
estoy mal parece de hierro; en mi cabeza surge una serie de preguntas, pero la
que más taladra mi existencia es ¿qué voy a lograr con estos objetos? tomo las
llaves y sigo mi camino a casa, pero una sensación extraña pasa por mi cuerpo,
alguna actividad extrasensorial sacude mi cabeza, siento un leve hormigueo en
ella, al paso de cinco minutos todo vuelve a la normalidad, y voy por esta
calle, que no había visto antes como la veo ahora; luego de mi corto paseo,
nuevamente en mi casa, aún no oscurece, el sol todavía alumbra con sus
poderosos rayos, el gran astro aún me da su calor pero algo sigue pasando en
mí, tengo la necesidad urgente de dormir profundamente sin que nada pueda
interrumpirme, tan solo quiero dormir. Mi sueño una vez más me ha revelado
datos, despierto luego de una hora, anoto lo que puedo recordar, pero esto son
tan sólo descripciones de una casa; empiezo atar los sucesos de las últimas
horas de mi vida y tal vez la dirección del señor Salvatierr coincide con los
datos que la bella dama Bellatrix ha revelado en mis sueños; no comento con mis
padres ni con mi abuelo de lo que ahora me sucede, pero para ser sincero tengo
ganas de hablarlo con alguien.
Termina
mi Viernes. A la mañana siguiente, Sábado, le pido permiso a mi madre para
salir, le pregunto que si puedo ir a pasear con unos amigos, por primera vez
miento, porque iré sólo sin compañía alguna, nada más que mi cabeza y yo. Me
dirijo hacia la dirección que me dio el señor honorable en mis sueños, hago
caso a las instrucciones de la señora Bellatrix; al llegar a aquella casa
parece de cuento de miedo, de esos que te hacen dar escalofríos, su fachada de
dos pisos, algo muy colonial, rejilla antes del jardín, está ubicada en uno de
los primeros barrios de la ciudad, así que parece ya vieja y para sorpresa mía
está deshabitada, pasa una anciana por mi lado y me pregunta que si soy yo el
que va a entrar, le digo que aún no lo sé, ella sabiamente me dice que “todo lo
que pueda ver, escuchar, sentir y tocar lo grabe en mi memoria”, tan sólo eso…
y mis diálogos mentales vuelven ¿acaso ella sabe que voy a encontrar algo allí?
Y además ¿debo memorizarlo?, creo que mi mente tendrá trabajo para el resto del
día. Siendo las 11:29 de la mañana, decido ingresar a la vieja casa, no es tan
exacta como la soñé y como la describieron mis sueños, pero iré a ver que hay
allí; parece que los rostros vacíos de las personas no quieren ver mi
presencia, o no sé si tal vez me estén esperando y no dicen nada, en fin, la
llave vieja de hierro que encontré es quien abre la chapa principal de esta
vieja casa, de repente mi mente empieza a ordenarlo todo, siento como si
hubiese cambiado de dimensión, pero sigo consciente de mí o eso creo, es un
hermoso palacio por dentro casi que parece un templo, no sé de qué pero para mí
en este momento se vuelve algo sagrado, a pesar que de religiones aún no sé
mucho. Una voz que siento en mi interior, tal vez aquella misma voz de los
sueños me guía por aquel hermoso palacio, luego de hacer un recorrido por sus
22 habitaciones, llego a un salón un poco más grande que una habitación normal,
un salón, que al abrir la puerta me estremezco, pues veo muchos objetos de los
cuales no sé nada, pero esa voz interna me lleva a escoger cinco objetos de los
cuales al tomarlos en mis manos me contaron encantadoras historias.
Esto
es lo que sucede cuando vi una copa de oro, muy parecida a la que usan en las
ceremonias católicas, pero esta estaba un poco más adornada, al tomarla en mis
manos mi mente se trasladó a un personaje, se llamaba Nicolás, el solía ser un
hombre muy amoroso y noble con las personas, pero un día la rabia se adueñó de
su corazón y perdió su hermosa copa. Luego una espada, muy brillante, su
afilado doble perfecto, en su hoja un nuevo nombre aparece ante mí, Helena
Abril, una guerrera, una mujer muy inteligente e intelectual para su época,
solía ser profesora de la escuela de su vecindario, Helena por sus capacidades
intelectuales empezó a volverse egoísta, hasta el punto de hacer sentir mal a
los demás, tratarlos de ignorante y no siguió siendo maestra, nunca se le
volvió a ver, pero su espada estaba presente en mis manos.
Dando
vueltas por los estantes de aquel gran salón, y viendo magníficas historias a
través de coger cada objeto en mis manos, me siento de maravilla, una mezcla de
emociones sin forma se posa en mi ser, pero mi curiosidad y la paz que siento
en aquel lugar me hacen querer más, tengo la leve sensación nuevamente que mi
vida va a cambiar. Aparece ante mí un monedero, de esos de dama elegante, esta
vez con monedas de oro, más grandes que las que circulan por la ciudad,
realmente son de oro, son siete monedas, cada una de ellas marcada con el
nombre del señor Vicente Sánchez, la otra cara de la moneda se puede ver su
rostro, en alto relieve; estas monedas me llevan a la vida del señor Vicente,
un hombre de gran fortuna, de placeres materiales, todo lo que tiene lo ha
obtenido por sus trabajos, un hombre ambiguo, unas veces ayudaba otras veces
humillaba, sus monedas de oro las perdió en el momento que decide querer
comprar la vida de las personas de su pequeño pueblo y volverlos esclavos, las
ansias de poder le carcomieron el alma, no pudo mantener un equilibrio entre lo
material y sus relaciones personales, apartando a toda su familia y empleados
de confianza de su lado, se ha quedado sólo. El siguiente objeto se trata de
uno poco usual, o no lo reconozco muy bien y no parece tan hermoso como los
anteriores, es un bastón de bambú, un bastón que ha llevado por varios caminos
a otro gran hombre pero que perdió su sendero, este bastón pertenecía a
Cristóbal, sólo su nombre no hay más datos de él, un hombre de campo,
trabajador, tenía el mejor cultivo de Té de toda la nación, tal vez el único,
por su gran creatividad, se le permitió crear variedades de té, recetas y
diferentes preparaciones de esta exquisita bebida. El perdió su grandeza y
perdió por completo su visión, ya su bastón no le servía, desechó al igual que
todos sus cualidades por preferir estar solo, sin querer ver más allá de su
realidad, no quiso volver a experimentar con el té, tampoco a crear ningún
nuevo producto y así su vida se volvió fría sin nada más que lo complementara.
En
aquel lugar el tiempo pareció disolverse, no percibía nada más que las
historias de aquellas personas que en algún momento de su vida fueron felices y
lo perdieron todo a causa de su egoísmo y de querer ser mejor y superior que
los demás. No me cabe duda que fueron maravillosos y que en lo más profundo de
su corazón habita el amor cósmico que todo lo puede, no conoce de maldad, dolor
ni sufrimiento.
Decido
salir del gran salón, aquella voz que me guía me hace detener, percibo que algo
hace falta, bajo la escalera y en el último escalón hay una varita, no sé si
será mágica pero parece una varita de mago, la tomo, pero en esta ocasión no
hay ninguna revelación, no voy a las memorias de ningún personaje, sólo siento
que esta vara soy yo, en otra existencia, sólo sé que en ella podré guardar las
memorias de mi existencia a través de mis días. Siento enorme felicidad,
plenitud, nunca en mi vida me había sentido tan único y grandioso; he aprendido
que debo controlar cada aspecto de mi vida, mis emociones, mi intelecto, mis
objetos materiales, mi creatividad y sobre todo que no debo dejar que el egoísmo
se apodere de mi vida, tengo la sensación de querer amar todo lo que está a mi
alrededor, y a vivir feliz.
Salgo
de aquella casa, el reloj una vez más marca las 11:29 de la mañana, no puedo
creerlo, ¿acaso sólo entré y salí?, no comprendo aquella noción del tiempo,
sólo cierro la reja del jardín y tomo la calle de regreso a casa; pero esta vez
la luz ha vuelto a los rostros secos y tristes, ya nadie divaga en las calles,
estoy por creer que el de los problemas era yo; llego a casa encuentro a mi
madre en la sala, en su silla mecedora; se pone tan feliz al verme que me dan
ganas de llorar y ser un bebé para estar de nuevo en sus piernas. Su voz dulce
y tierna me dice – Ahora eres un hombre diferente; llego a mi habitación el
deseo de dormir se apodera de mí nuevamente.
Mi
siguiente despertar para sorpresa mía, ya no era un niño de 12 años, ahora era
un hombre de 25 años, el honorable Antony Blake viviendo en el amor de la
infinita consciencia cósmica del universo.
Escrito por: Lauren Rocha