26 de marzo de 2015

Manifiesto Arte Psicogeométrico

MANIFIESTO ARTE PSICOGEOMÉTRICO
Por: Lauren Rocha

“Un arte que no sirve para sanar, no es arte” Alejandro Jodorowsky
En lo que ha sido la existencia del arte, se ha evidenciado que el ser humano comunica sus percepciones, de lo que experimenta en su mundo interior y lo exterioriza en su obra visual.

El arte más allá de su valor y esencia ha sido una evidencia de la historia que ha tenido la humanidad, ilustrando acerca de los hábitos, emociones, pensamientos, filosofía y religión de las diferentes comunidades y pensadores que han decidido expresar su saber a través del arte.

Por esto, surge la necesidad de transmutar la composición etérea de lo que hasta hoy es el arte, considerando los tiempos difíciles en los que la humanidad habita hoy por hoy y concentrándonos en que hay que evolucionar nuestra mente y conciencia.

El arte Psicogeométrico nos indica lo siguiente en términos de etimología de cada una de las palabras que lo componen; Psico: alma, Geo: tierra, Métria: medida; todas de una derivación del Griego. En traducción, es pertinente explicar que este arte está basado en medir el comportamiento del mundo interno y externo del ser y en estudio de elementos cómo lo es la geometría sagrada; todo esto porque hasta entonces vemos que el ser es una máquina influenciada por agentes externos que condicionan su comportamiento, su mente, su palabra y sus emociones.

Se habla de geometría sagrada para tener el entendimiento de cómo esta influye en la mente y su coexistencia con los humanos. Partiendo de la flor de la vida, constituida por los sólidos platónicos y sabiendo que cada uno de estos elementos emiten energía que tienen su incidencia en el diario vivir.

Seguido a esto, cito al señor Kasimir Malevich quien dice en su manifiesto suprematista “La conciencia ha superado la superficie plana y ha avanzado hacia el arte de la creación espacial. A partir de ahora la pintura de cuadros queda para aquellos que, pese al esfuerzo infatigable de su conciencia, no han logrado liberarse de la superficie, para aquellos que cuya conciencia ha continuado siendo plana porque no han podido superar la superficie plana.”  A esta frase se le objeta en lo que este manifiesto quiere dar al mundo, es trascender lo que es una obra de artista, abandonar técnicas clásicas como el uso del pigmento con pincel, y recrear obras tridimensionales basadas en geometría sagrada, usando elementos cómo el tetraedro, símbolo del fuego en la alquimia.

“Te advierto, quien quiera que fueres... Oh! tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses”. Esta frase inscrita en el templo de Delfos, es tarea prima que la humanidad ha venido a desarrollar, y por medio del arte el autoconocimiento del ser y el acercamiento con la conciencia cósmica o Dios se hace aún más fácil. No se puede decir que uno evoluciona la conciencia cuando cambia la forma de percibir el mundo; transformar la mente y la esencia del individuo es lo que debemos empezar a hacer, trasmitir conocimiento ancestral sagrado, de pensadores que nos han dejado el secreto de la vida, conocimiento que durante mucho tiempo ha estado oculto, y que hoy está saliendo a la luz, con expresiones artísticas que van de la mano con lo que muchos han llamado el inicio de una nueva era.


En términos de arte psicogeométrico las formas generadas por cada tetraedro y en movimiento del módulo, genera ciertas vibraciones que pueden ayudar a calmar la mente, según el color  que como bien se sabe, sus diferentes vibraciones ayudan a controlar varias reacciones que tenemos frente a la exposición del color en nuestra vida.

En la sociedad actual, decimos que somos presos o esclavos de un sistema monetario, esto aterrizado en el ámbito material del ser humano. Pero a nivel emocional somos esclavos también, de hecho el sistema de manipulación del que la era de la globalización habla, es un sistema que manipula emocionalmente a sus esclavos. Esto indubitablemente hace que se viva en conjunto con una sociedad enferma, una sociedad dónde el dinero es sinónimo de felicidad, dónde lo externo a cada unos de nosotros es lo que vale la pena vivir, una manipulación emocional dónde su gran aliado es la publicidad; marcas que se apoderan de nuestros gustos, nos crean necesidades que nunca hemos tenido, y peor aún nos encasillan en grupos objetivo homogenizando nuestra persona en productos o cuando tenemos religión en común, barrio, educación, gustos y más gustos. Cada preso del sistema, sabe que es preso, pero acepta su prisión; como platón con el mito de la caverna, todos ven sombras más allá de dónde creen estar, pero ninguno es capaz de salir a conocer frente a frente qué son ciertas sombras y porqué están ahí.

Lo que verdaderamente debe hacer el hombre, es liberarse de todo aquello que es miedo, porque su sociedad y ámbito en el que se desarrolla, genera seres de miedo, y lo vemos en cada defecto psicológico que vemos en las personas o más claramente lo que se conoce como pecados capitales. Al liberarse de la cárcel emocional, el ser humano empieza a equilibrarse en todos sus centros, se inicia a tener una mayor conciencia de lo que es su vida y el propósito de su existencia.


Es allí cuando el arte psicogeométrico empieza a obtener su papel de protagonista, un arte, que quiere hacer que las personas sanen su vida, que se deje de ser una sociedad enferma, sin problemas psicológicos, sociales y económicos, dónde el significado de la palabra felicidad no sólo se conozca sino que se pueda vivir; ya estamos en tiempos dónde hay que modernizar nuestras doctrinas, tiempos en lo cuales cada habitante del planeta tierra pueda obtener los mismos beneficios y así poder alcanzar un mundo despierto conocedor de la magia de la vida. 

4 de marzo de 2015

Cuento - El banco de los objetos perdidos

EL BANCO DE LOS OBJETOS PERDIDOS

Septiembre de 1901, en la ciudad sólo se escucha el sonido de los árboles, animales de la calle, el aire, el silencio, personas afuera caminando o mirando por la ventana, parece que algo está pasando y no lo comprenden muy bien. Camino y camino por las calles de este hermoso lugar pero sigo sin comprender sus rostros y aquel silencio que me persigue, el mismo silencio de los árboles, el asfalto, las paredes, las nubes, el cielo, el aire que en este momento ha decidido callar.

Suelo ser detallista, observador, me gusta ayudar a las personas eso me satisface, me llena de plenitud, suelo regalar sonrisas a sus rostros casi disecados, con marcas en la piel, marcas de un tiempo atemporal, un tiempo que sucede en un espacio  sin lugar, marcas que no sé por qué están ahí, todo parece estar confuso, pero sigo contemplándolos con amor, armonía y esa paciencia suma que he adquirido a mis 12 años; que por cierto que dichosa edad puedo ser niño, adolescente e incluso joven, joven he querido ser, abandonar mi infancia, y otra vez esta calle que me lleva a no sé dónde.

Las esquinas parecen esconder sombras de todo lo que queda del día, he caminado más de dos horas, casi llego a casa; de repente veo algo tirado en el suelo, un objeto que no logro ver bien porque está al otro lado de la acera y las sombras que generan las luces lo hacen confuso, paso la calle me encuentro un sobre de manila, adentro un documento que temo a leer, lo tomo y sigo mi camino a casa.

¡Las llaves! Digo en mi mente, las he perdido o han de estar en algún bolsillo de mi maleta; luego de superar el diálogo mental de dónde podrán estar mis llaves, siento la chapa, abren la puerta y me recibe mi abuelo, un hombre de fascinantes historias y sonrisas silenciosas. Cenamos, hablamos del día con mis padres, todo parece normal. En mi habitación, minutos antes de ir a la cama voy por mi maleta y busco el sobre, Oh Que voy a encontrar! pienso; saco dos hojas de aquel sobre, empiezo leyendo el encabezado y dice Acta de defunción ¡Ay dios! ¿un acta de defunción? averiguaré de quien trata, empieza la ciudad, la fecha, lugares que no he conocido y que parecen lejos de aquí, su nombre: un honorable señor ¡honorable! Vaya que suena interesante,el Honorable señor Ramón Salvatierr, fallece por un derrame cerebral, parece que perdió todas sus capacidades en un instante fugaz un hecho fulminante que le robó su vida, lo que me inquieta de este Honorable señor es su edad, parece haber fallecido muy joven o a comparación de mis familiares lo era, a sus 43 años, era un hombre de poder y deduzco que podría ser estrecho con sus emociones, no sólo acumulaba riqueza, sino también conocimiento era un intelectual de la sociedad, practicaba algunos deportes, amante de la buena cocina y todo lo que pudiera satisfacer sus sentidos.

Así pasa la noche, una noche en mi cama pensando en el señor Salvatierr, en mis sueños el aparece, logro dibujar su forma física, me habla, me dicta datos que no logro captar muy bien. Al despertar tomo mi libreta y hago nota de algunos detalles que recuerdo; entre esos la dirección de una antigua casa de la ciudad. Me alisto pare seguir un día más con mi rutina, la escuela, las tareas, caminar de regreso, y no más; Tengo la sensación que mi vida desde esta última noche va a cambiar.

A la salida de clases, no voy por mi ruta acostumbrada, hago un desvío, camino, sigo caminando y viendo los mismos rostros desolados en las calles, sigo sintiendo que algo le pasa a sus vidas pero no sé qué es y tampoco tengo la respuesta para ayudarlos. Al parecer la historia se repite vuelvo a encontrar otro objeto, y vaya que todos están más antiguos que lo que habita a mi alrededor o eso parece; esta vez se trata de unas llaves, unas comunes y otra diferente, una llave con especie de dos patas, la forma que lleva es ornamental y si no estoy mal parece de hierro; en mi cabeza surge una serie de preguntas, pero la que más taladra mi existencia es ¿qué voy a lograr con estos objetos? tomo las llaves y sigo mi camino a casa, pero una sensación extraña pasa por mi cuerpo, alguna actividad extrasensorial sacude mi cabeza, siento un leve hormigueo en ella, al paso de cinco minutos todo vuelve a la normalidad, y voy por esta calle, que no había visto antes como la veo ahora; luego de mi corto paseo, nuevamente en mi casa, aún no oscurece, el sol todavía alumbra con sus poderosos rayos, el gran astro aún me da su calor pero algo sigue pasando en mí, tengo la necesidad urgente de dormir profundamente sin que nada pueda interrumpirme, tan solo quiero dormir. Mi sueño una vez más me ha revelado datos, despierto luego de una hora, anoto lo que puedo recordar, pero esto son tan sólo descripciones de una casa; empiezo atar los sucesos de las últimas horas de mi vida y tal vez la dirección del señor Salvatierr coincide con los datos que la bella dama Bellatrix ha revelado en mis sueños; no comento con mis padres ni con mi abuelo de lo que ahora me sucede, pero para ser sincero tengo ganas de hablarlo con alguien.
Termina mi Viernes. A la mañana siguiente, Sábado, le pido permiso a mi madre para salir, le pregunto que si puedo ir a pasear con unos amigos, por primera vez miento, porque iré sólo sin compañía alguna, nada más que mi cabeza y yo. Me dirijo hacia la dirección que me dio el señor honorable en mis sueños, hago caso a las instrucciones de la señora Bellatrix; al llegar a aquella casa parece de cuento de miedo, de esos que te hacen dar escalofríos, su fachada de dos pisos, algo muy colonial, rejilla antes del jardín, está ubicada en uno de los primeros barrios de la ciudad, así que parece ya vieja y para sorpresa mía está deshabitada, pasa una anciana por mi lado y me pregunta que si soy yo el que va a entrar, le digo que aún no lo sé, ella sabiamente me dice que “todo lo que pueda ver, escuchar, sentir y tocar lo grabe en mi memoria”, tan sólo eso… y mis diálogos mentales vuelven ¿acaso ella sabe que voy a encontrar algo allí? Y además ¿debo memorizarlo?, creo que mi mente tendrá trabajo para el resto del día. Siendo las 11:29 de la mañana, decido ingresar a la vieja casa, no es tan exacta como la soñé y como la describieron mis sueños, pero iré a ver que hay allí; parece que los rostros vacíos de las personas no quieren ver mi presencia, o no sé si tal vez me estén esperando y no dicen nada, en fin, la llave vieja de hierro que encontré es quien abre la chapa principal de esta vieja casa, de repente mi mente empieza a ordenarlo todo, siento como si hubiese cambiado de dimensión, pero sigo consciente de mí o eso creo, es un hermoso palacio por dentro casi que parece un templo, no sé de qué pero para mí en este momento se vuelve algo sagrado, a pesar que de religiones aún no sé mucho. Una voz que siento en mi interior, tal vez aquella misma voz de los sueños me guía por aquel hermoso palacio, luego de hacer un recorrido por sus 22 habitaciones, llego a un salón un poco más grande que una habitación normal, un salón, que al abrir la puerta me estremezco, pues veo muchos objetos de los cuales no sé nada, pero esa voz interna me lleva a escoger cinco objetos de los cuales al tomarlos en mis manos me contaron encantadoras historias.

Esto es lo que sucede cuando vi una copa de oro, muy parecida a la que usan en las ceremonias católicas, pero esta estaba un poco más adornada, al tomarla en mis manos mi mente se trasladó a un personaje, se llamaba Nicolás, el solía ser un hombre muy amoroso y noble con las personas, pero un día la rabia se adueñó de su corazón y perdió su hermosa copa. Luego una espada, muy brillante, su afilado doble perfecto, en su hoja un nuevo nombre aparece ante mí, Helena Abril, una guerrera, una mujer muy inteligente e intelectual para su época, solía ser profesora de la escuela de su vecindario, Helena por sus capacidades intelectuales empezó a volverse egoísta, hasta el punto de hacer sentir mal a los demás, tratarlos de ignorante y no siguió siendo maestra, nunca se le volvió a ver, pero su espada estaba presente en mis manos.

Dando vueltas por los estantes de aquel gran salón, y viendo magníficas historias a través de coger cada objeto en mis manos, me siento de maravilla, una mezcla de emociones sin forma se posa en mi ser, pero mi curiosidad y la paz que siento en aquel lugar me hacen querer más, tengo la leve sensación nuevamente que mi vida va a cambiar. Aparece ante mí un monedero, de esos de dama elegante, esta vez con monedas de oro, más grandes que las que circulan por la ciudad, realmente son de oro, son siete monedas, cada una de ellas marcada con el nombre del señor Vicente Sánchez, la otra cara de la moneda se puede ver su rostro, en alto relieve; estas monedas me llevan a la vida del señor Vicente, un hombre de gran fortuna, de placeres materiales, todo lo que tiene lo ha obtenido por sus trabajos, un hombre ambiguo, unas veces ayudaba otras veces humillaba, sus monedas de oro las perdió en el momento que decide querer comprar la vida de las personas de su pequeño pueblo y volverlos esclavos, las ansias de poder le carcomieron el alma, no pudo mantener un equilibrio entre lo material y sus relaciones personales, apartando a toda su familia y empleados de confianza de su lado, se ha quedado sólo. El siguiente objeto se trata de uno poco usual, o no lo reconozco muy bien y no parece tan hermoso como los anteriores, es un bastón de bambú, un bastón que ha llevado por varios caminos a otro gran hombre pero que perdió su sendero, este bastón pertenecía a Cristóbal, sólo su nombre no hay más datos de él, un hombre de campo, trabajador, tenía el mejor cultivo de Té de toda la nación, tal vez el único, por su gran creatividad, se le permitió crear variedades de té, recetas y diferentes preparaciones de esta exquisita bebida. El perdió su grandeza y perdió por completo su visión, ya su bastón no le servía, desechó al igual que todos sus cualidades por preferir estar solo, sin querer ver más allá de su realidad, no quiso volver a experimentar con el té, tampoco a crear ningún nuevo producto y así su vida se volvió fría sin nada más que lo complementara.

En aquel lugar el tiempo pareció disolverse, no percibía nada más que las historias de aquellas personas que en algún momento de su vida fueron felices y lo perdieron todo a causa de su egoísmo y de querer ser mejor y superior que los demás. No me cabe duda que fueron maravillosos y que en lo más profundo de su corazón habita el amor cósmico que todo lo puede, no conoce de maldad, dolor ni sufrimiento.

Decido salir del gran salón, aquella voz que me guía me hace detener, percibo que algo hace falta, bajo la escalera y en el último escalón hay una varita, no sé si será mágica pero parece una varita de mago, la tomo, pero en esta ocasión no hay ninguna revelación, no voy a las memorias de ningún personaje, sólo siento que esta vara soy yo, en otra existencia, sólo sé que en ella podré guardar las memorias de mi existencia a través de mis días. Siento enorme felicidad, plenitud, nunca en mi vida me había sentido tan único y grandioso; he aprendido que debo controlar cada aspecto de mi vida, mis emociones, mi intelecto, mis objetos materiales, mi creatividad y sobre todo que no debo dejar que el egoísmo se apodere de mi vida, tengo la sensación de querer amar todo lo que está a mi alrededor, y a vivir feliz.

Salgo de aquella casa, el reloj una vez más marca las 11:29 de la mañana, no puedo creerlo, ¿acaso sólo entré y salí?, no comprendo aquella noción del tiempo, sólo cierro la reja del jardín y tomo la calle de regreso a casa; pero esta vez la luz ha vuelto a los rostros secos y tristes, ya nadie divaga en las calles, estoy por creer que el de los problemas era yo; llego a casa encuentro a mi madre en la sala, en su silla mecedora; se pone tan feliz al verme que me dan ganas de llorar y ser un bebé para estar de nuevo en sus piernas. Su voz dulce y tierna me dice – Ahora eres un hombre diferente; llego a mi habitación el deseo de dormir se apodera de mí nuevamente.


Mi siguiente despertar para sorpresa mía, ya no era un niño de 12 años, ahora era un hombre de 25 años, el honorable Antony Blake viviendo en el amor de la infinita consciencia cósmica del universo. 

Escrito por: Lauren Rocha

1 de marzo de 2015

Ana María Guash

Anna Maria Guasch es Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona y crítico de arte.
Desde 1994 hasta la actualidad su investigación gira en torno al estudio de los procesos creativos del arte internacional de la segunda mitad del siglo XX . De sus publicaciones de este período destacan: El arte del siglo XX en sus exposiciones: 1945-1995 (Barcelona,1997), Los manifiestos del arte posmoderno. Textos de exposiciones 1980-1995 (Madrid, 2000), El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural: 1968-1995 (Madrid, 2000), La crítica dialogada. Entrevistas sobre arte y pensamiento contemporáneo ( Murcia, 2006), Oteiza. Escultura dinámica (Pamplona, 2008) y Autobiografías visuales. Del archivo al índice ( Madrid, 2009). Es coautora con Joseba Zulaika del libro Learning from the Bilbao Guggenheim (Reno, 2005; Aprendiendo del Guggenheim Bilbao, Madrid, 2007).Su libro más reciente es Arte y Archivo 1920-2010. Genealogías, tipologías y discontinuidades (Akal, Madrid, 2011). 

Aparte de la colección de textos Akal/Arte Contemporáneo, ha dirigido cursos y seminarios, entre ellos varios seminarios internacionales en el marco de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid ( El Escorial), y ha participado en numerosos simposios y congresos, como el Simposio Internacional La crítica de arte en un mundo global (Macba, Barcelona 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010), eI Congreso Internacional de Estudios Visuales (Madrid, 2004), el Simposio Internacional Learning from the Guggenheim Bilbao: Five Years Later (Reno-Nevada 2004) y el Encuentro Internacional VISUALIZING EUROPE. The Geopolitical and Intercultural Boundaries of Visual Culture, Barcelona , abril 2011). 



Tomado de: http://www.annamariaguasch.net/pags/cvitae.php?pag=1&


Recomendado el libro Los Manifiestos del arte postmoderno, una recopilación interesante y puntual sobre el arte de ese momento.